La fachada, porque es lo primero que se observa, aquello que ves con la mirada fresca, antes de enfrentarte a una fila de obras, una detrás de otra, que no sabes bien todavía que es lo que te van a decir.
Y la tienda de regalos porque es el lugar final, el sitio en el que una persona se relaja. Ya no tiene que estar concentrado intentando encontrar la fuerza y el sentido a aquello que te ponen delante.